Cada mes, en las supervisiones de Psicoaromaterapia que ofrezco para terapeutas, comparto mi experiencia y conocimiento sobre un aceite esencial determinado.
Este mes le ha tocado a la Manzanilla romana (Chamaemelum nobile).
Mi forma de enseñar sobre Psicoaromaterapia es a través del cuento, aprovechando el poder de la metáfora y el simbolismo. Al principio utilizo las ricas historias que nos regala la mitología griega, y cuando ya se tiene un “suelo” suficientemente sólido, paso a los clásicos cuentos de hadas, donde los arquetipos se revelan con fuerza y ponen sobre la mesa sus luces y sombras en relación con otros como ellos.
Pero ahora vamos con la deliciosa Manzanilla romana, el aceite esencial de este mes, como te decía, con un arquetipo asociado que me parece especialmente interesante: Ariadna.
A esta maravillosa mujer se la conoce habitualmente por los logros de Teseo, el del Laberinto y el Minotauro al que acaba matando.
No le voy a restar mérito a la gesta de este héroe, aunque he de decir que si no llega a ser por Ariadna, allí se quedaba comiéndose los mocos y convirtiéndose en la cena del tan temido monstruo.
Teseo tiene el cuerpo de un gigante y una fuerza física solo comparable con la de su adversario. Es una energía visible, evidente; y es por la confianza que en ella tiene que es capaz de mirar de frente al Minotauro y no echar a correr, tal y como habían hecho otros antes que él al llegar al centro del Laberinto.
Ariadna también es fuerte, incluso más que Teseo, diría yo, pero su tipo de fuerza no tiene tanto valor a ojos de muchos.
Ella es extremadamente paciente, resistente, tierna, sensible al amor, al dolor ajeno y profundamente compasiva.
Lo que otros perciben como debilidad es, de hecho, lo que permitió que Teseo, sus 13 congéneres atenienses enviados con él a ser pasto para el Minotauro, y la propia hermana de Ariadna, Freda, pudiesen salir ilesos de Creta y recuperar la libertad que Minos les había quitado.
Al poco de embarcar hacia Atenas, encontrándose sin víveres para completar el viaje de vuelta, Teseo decide pasar la noche en una isla cercana llamada Naxos, donde poder descansar y abastecerse.
Yace allí con Ariadna y, mientras ella aún duerme, poco antes del amanecer, iza las velas y zarpa de nuevo, dejando a nuestra protagonista sola, tirada en medio del mar, abandonada y olvidada en una isla.
Al despertar, Ariadna, aún somnolienta, divisa el barco a lo lejos y, sin poder creer lo que ven sus ojos, exclama:
“Teseo, mi amor! ¿¡Dónde estás que no puedo encontrarte y la alucinación me puede matar!? Ay! En qué hora nací! He sido traicionada!” (cita de Chaucer en “El mito de Ariadna”)
Pasado un tiempo, llena de melancolía y lamentos por la pérdida y la traición, Ariadna solo quiere morir. Rezando para que Hermes la encuentre y la lleve con ella por fin a las puertas del Inframundo, de esa guisa la encuentra Dionisio, un dios distinto al que ella espera; el “dios libertador”, conocido por ser el dios del vino.
Al verlo, envuelta en su nublada mente, lo confunde con Hermes, y entre éxtasis y melancolía, se echa a sus brazos, dejando a Dionisio prendado de ella al instante.
Él se reconoce en ella, y siente que ella se reconoce en él.
Con sumo cuidado, la mira a los ojos y le habla, explicándole quién es en verdad, y poniendo sobre la mesa sus deseos: quiere estar con ella, amarla y demostrarle su amor, “pero la quiere libre”.
Le dice: “Ariadna, tú eres el Laberinto. Teseo se perdió en ti, ya no tiene hilo; ¿de qué le vale ahora que no fuera devorado por el Minotauro? Lo que lo devora ahora es peor que el Minotauro.”
Ariadna, sintiendo el dolor de la traición de Teseo aún en su pecho, le contesta: “Me adulas, Dionisio, pero estoy cansada de mi compasión. En mí han de perecer todos los héroes. Este es mi último amor por Teseo: la destruyo! (su compasión).”
Tenemos que tener en cuenta los orígenes, la infancia y el contexto de Ariadna, nacida y criada en un hogar desestructurado. Su padre Minos, rey de Creta, es un hombre conquistador, celoso de todo aquello que cree que le pertenece, y su hija está en centro de este perfil. La madre de Ariadna, Pasifae, es hermana de Circe, una de las grandes brujas de la mitología griega conocidas, pero a diferencia de su hermana, que es disciplinada y templada de carácter, Pasifae no tiene contención en sus deseos, es egoísta y carente de toda empatía. Humilla a sus hijas, que nunca hacen algo bien y a las juzga como le apetece.
De ahí viene nuestra tierna princesa.
De un hogar que le dice que el amor es una prisión en unos casos, una carta que juegan sus figuras de “cuidado” para que haga lo que ellos deseen, o un desenfreno sin fin que conduce a la muerte de muchos, en otros.
Dionisio, que intuye que el dolor de Ariadna está producido en esencia por una percepción distorsionada de lo que significa el amor y una experiencia de ser amada desde la condicionalidad, la falta de respeto, la humillación, el abuso y la deslealtad, se acerca a ella con cuidado, dándole tiempo para que retroceda si así lo desea, y la besa con toda suavidad y ternura.
He aquí el beso de un Amor con mayúscula: “el beso de la libertad”, que hace despertar a Ariadna y darse cuenta de la inmensa amplitud que tiene esa palabra y de las sensaciones que en el cuerpo crea cuando se experimenta de verdad.
Siente amplitud, expansión, gran ligereza y una libertad como nunca había conocido.
Siente que por fin puede ser ella misma, sin juicio ni castigo, que la vida es para ella, que la compasión y la atención que antes eran para otros ahora son para sí misma, y que en su cuerpo no solo hay cabida para el placer: ella es manantial, río y océano a la vez, del más exquisito placer.
Ariadna y Dionisio, por supuesto, acaban juntos, y aunque hay mitólogos que cuentan la historia con un final de tragedia, otros lo cuentan como yo (bueno, yo me he permitido alguna pequeña licencia 😉), y lo he hecho así porque así acaban siempre los cuentos de hadas, según el psicoanalista y experto en el tema Bruno Bettleheim: con un “y fueron felices para siempre”.
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En qué momentos daría la Manzanilla romana como opción en el abordaje psicoterapéutico o en el proceso de metabolización e integración de trauma, me lo quedo para mi. Ahora solo lo saben las 13 personas que asistieron a la supervisión que le dedicamos a este aceite esencial. Sin embargo, ahora que conoces un poco más el mito de la princesa de Creta, quizás puedas sacar aquello que te resuena más.
Bueeeeeeno… Te daré palabras clave, porque también soy buena gente (a veces): encarcelamiento, cautiverio, abandono, traición, humillación, adormecimiento, entumecimiento y disociación. Y también paciencia, sensibilidad, alta compasión, ternura, libertad, despertar, éxtasis, aceptación e integración.
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Si eres terapeuta y te apetece supervisar algún caso con el que tengas una dificultad, y de paso aprender sobre psicoaromaterapia desde una perspectiva de trauma y apego, teniendo en cuenta el campo, esta es tu casa y también tu tribu. Una que ante tu dolor como acompañante de procesos de vida te acoge con todo, sin juicios, con respeto y toda la validación posible.
Escríbenos y te facilitaremos el dossier con la información de los Encuentros-Supervisión.
Un abraciño,
Sabela Cea.
Psicoaromaterapeuta y facilitadora de Yoga Sensible a Trauma.
Directora de la formación completa “Psicoaromaterapia Sensible a Trauma” y de las supervisiones de psicoaromaterapia.
Escritora y autora de “Despertando la Sensibilidad. Aceites esenciales, cristales y sabiduría oriental”
🖌 “Ariadna abandonada por Teseo en Naxos”, de Angélica Kauffmann, 1774.
✒️ Sabela Cea Bao.