ACEITES ESENCIALES: el nuevo Becerro de Oro
19/03/2025

En 2021 la industria de los aceites esenciales se embolsaba 12.500 millones de euros. Hoy ya superan los 25.000 millones, que se estiman que se dupliquen en menos de 5 años.

Ahí es nada.

Nos hemos convertido en el nuevo “lobi farmacéutico” y abrimos escuelas de Aromaterapia con el sello de una enseñanza con datos “avalados por la ciencia” que siguen diciendo lo mismo: PARA TU PROBLEMA, ESTE ACEITE ESENCIAL.

Veo recomendar aceites esenciales para utilizarlos hasta en el agua para fregar el suelo.

Ojito con esto…

Y ahora voy a utilizar la ironía (aviso para que se entienda)

¡Vamos a poner aceites esenciales en la comida, en la crema de la cara (porque yo lo valgo), en el difusor de la clase de yoga o en el aula (si el aroma escogido causa una desregulación a alguno de los asistentes, nos da lo mismo), en las infusiones (claro que sí!)!

Para la ansiedad hay 3. Son siempre los mismos, porque la ansiedad de las personas se expresa siempre de la misma manera y por las mismas causas de mierda de siempre.

Para la migraña, Menta piperita. Por supuesto.

Para el insomnio Lavanda (así de originales), aunque ni el último estudio publicado hace un mes (con ratas) pueda afirmar con un buen golpe en la mesa que va a funcionar en cada caso. Igual porque en la base de la construcción de las desarmonías del sueño están las protecciones que la psique despierta como respuesta de supervivencia, y ahí no hay kilos de aceite esencial de lavanda que puedan hacer que te duermas, como no lo hacen muchísimos fármacos en según qué perfil de la población.

Para cada patología física o psicopatología, tranquila, tenemos uno o varios aceites esenciales.

Bibliografía para parar un tren A TOPE DE RECETAS Y FÓRMULAS, para que cualquiera pueda comprarse un aceite esencial y autotratarse.
Si no te gustan los libros, continúa tranquila, que tenemos cuentas de Instagram y Tik Tok. Ya nos encargamos de ponértelo mega fácil.

Tenemos respuesta para todo!

Con un par.

(Y hasta aquí la ironía) 🙄

¿En qué momento tuvimos la brillante idea de “tratar” con aceites esenciales el área psicoemocional y algunas de sus expresiones más crudas como la ansiedad, ataques de pánico, depresión, fatiga o dolor crónico, estrés, pesadillas recurrentes o insomnio, por poner un ejemplo, sin tener ni pajolera idea sobre las distintas, e infinitamente diversas, formas en las que se construye y nos protege la mente?

¿En qué momento, por saber más que nadie sobre la química de un aceite esencial o el mecanismo de acción de una planta, asumimos que eso es igual a saber con quién, cómo y en qué momento aplicarlo de su proceso psicoterapéutico, o si realmente es eso lo que realmente necesita o es otra cosa?

¿Cómo podemos repartir recetas de mezclas de aceites esenciales sin tener ni idea de cómo puede responder un sistema nervioso a cada uno de los aceites esenciales que la componen, de forma individual y por separado?

¿Cómo se nos ocurre lanzarnos a abrir frascos de aceites esenciales y ponérselos directamente bajo la nariz a cualquiera de nuestros clientes? ¡En la primera sesión! ¡Sin que haya todavía vínculo terapéutico! Que como haya un disparo de memoria traumática debido al aroma de un aceite esencial y todavía no seamos “lugar seguro” para nuestra clienta, ¿a qué se agarra?

¿En qué momento nos hemos vuelto tan irrespetuosas con el dolor ajeno que vamos lanzando tips de aceites esenciales para cualquier cosa que se nos ocurra, generalizando, y pasándonos por el arco del triunfo la historia de vida de la persona que lea el post, su contexto, su entorno, sus estrategias internas para afrontar su día a día (que para ella pueden ser muy lógicas y para ti una aberración, y ni puedes juzgar ni dar consejos o sugerencias), si tiene disparadores y cuáles son, cómo se expresa su sistema nervioso y si tiene capacidad para sostenerse durante unos mínimos en su ventana de tolerancia, etc.?

¿Cómo tenemos la audacia de hacer una formación sobre aromaterapia, de las horas que sean, y creer que por eso ya estamos preparadas para tratar psicopatología, o tan siquiera acompañar a otra persona en su proceso psicoterapéutico?

¿Cómo podemos vender nuestro trabajo con aceites esenciales como un “portal hacia la transformación” sin tener ni idea sobre lo que un pequeño cambio puede llegar a exigirle a una persona con un trauma bien vivo?

¿Se puede saber cómo coño tenemos el valor de hablar sobre “tratar heridas emocionales” si a estas alturas de la película aún estamos pensando que las emociones son negativas o positivas, que la ansiedad hay que quitarla (o aliviarla, me da igual), que la fuerza de voluntad es lo que nos hace falta o que el estrés es Belcebú?

¿¿¿Cómo podemos vender nuestros servicios como psicoaromaterapeutas sin tener ni idea ni formación especifica sobre la psique (o tener la idea que nos han dado 15 libros de autoayuda), apego, partes internas y sus funciones, somática y/o trauma!!!???

No sé… Y cada vez sé menos.

De hecho NO SOY PERFECTA. Me he metido en mis buenos jardines, créeme.

Pero la próxima vez que lea algo que me suene a “tips para reducir tu estrés con aceites esenciales”, no me voy a pegar un tiro, pero se me va a notar en la cara las ganas de dar cuatro gritos.

Podemos saberlo todo sobre aceites esenciales y fitoterapia, pero como no estemos bien formadas en acompañamiento psicológico, ya podemos meternos en el culo cada frasco. Sabes por qué?

Porque en lo que no duda nadie, en lo que sí hay una evidencia aplastante y ni un sólo profesional que se precie rebate, es que el éxito de cualquier terapia se asienta en la calidad del vínculo terapéutico, no en la herramienta.
80% contra un 20%.

Cómo te quedas?

Pues eso.

Hemos puesto la aromaterapia en el centro del tablero, adorándola como un becerro de oro, y hemos perdido de vista lo más importante: el otro, nosotros como acompañantes y el campo que cocreamos entre ambas partes. El vínculo terapéutico.

Lo que obtenemos de la destilación de una planta puede ser un punto de apoyo importante, muy importante, pero jamás se va a acercar a la efectividad de lo que supone el vínculo, la relación personal entre el otro y tú.
Ni los aceites esenciales ni ninguna otra herramienta.

Te lo dice una persona que lleva 25 años de clínica trabajando con aromaterapia, específicamente en el área psicoemocional.

Y a esto me refería en otros artículos cuando decía que debemos empezar a hablar de pseudoterapeutas y no de pseudoterapias.

En fin…

Gracias mil por estar ahí y aguantar la lectura hasta aquí.
Siento mucho si te ha generado incomodidad.

Estas son letras dirigidas sobre todo a los que nos identificamos como terapeutas, más que al usuario “de casa”.
Porque somos los responsables de aprender a acompañar, más que a aprender sobre martillos y taladros.
Porque tú, acompañada, no eres ningún tornillo y, por supuesto, tampoco un clavo.

Con todo mi cariño,
Sabela Cea.

🖌 “La adoración del becerro de oro”, de Nicolás Poussin (1634)

✒️ Sabela Cea Bao (2025)